Historia destacada de una pequeña empresa: Saffron & Rose Ice Cream

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Cuando Ali Kashani-Rafye se llevó de Irán a Los Ángeles a su familia y su pequeña heladería a principios de los setenta, probablemente no hubiera imaginado que, décadas más tarde, aparecerían en las páginas de The New York Times

Lo que empezó como una modesta vitrina de helados frente a una pequeña tienda de alimentación terminó convirtiéndose en una popular heladería, donde la clientela habitual hace cola de buena gana. Entre la variada gama de sabores, los más vendidos son dos clásicos de Oriente Medio, rosa y azafrán, de ahí el nombre del negocio.

Alcanzar el éxito actual —la empresa ocupa el tercer puesto en la lista de las mejores heladerías de Los Ángeles en Yelp— no ha sido un camino de rosas; y es que gestionar una pequeña empresa nunca lo es. Pero cuando lo que te impulsa es la pasión por ofrecer un producto de calidad y un servicio al cliente impecable, el esfuerzo merece la pena (incluso las jornadas interminables y las riñas familiares).

Freddy Papen, actual copropietario de Saffron & Rose, nos cuenta los altibajos que conlleva gestionar una empresa familiar y nos explica cómo un cambio en apariencia menor trajo consigo no solo un público completamente nuevo, sino también emocionantes oportunidades de negocio.

El salto al vacío

Freddy empezó a trabajar en el negocio de su abuelo a los 19 años como repartidor los sábados por la mañana. Al poco tiempo, lo que había comenzado como un trabajo temporal se transformó en un compromiso a tiempo completo, sobre todo cuando, tras la muerte del abuelo, la familia tuvo que decidir cómo repartirse las responsabilidades para mantener el negocio a flote.

Cuando no estaba en la escuela, Freddy estaba en la tienda, ocupándose de todo lo que había que hacer. Pronto se dio cuenta de que era necesario realizar varios cambios a nivel operativo para que el negocio creciera y prosperara.

Pero su familia se mostraba reacia a escucharlo; a sus ojos, Freddy no era más que un chico resabidillo. Hicieron falta tres años y multitud de negativas para que Freddy planteara un ultimátum: si tenía que seguir dedicándose en cuerpo y alma al negocio, necesitaba que tuvieran en cuenta sus opiniones.

Una decisión arriesgada

Y por fin le hicieron caso. Al ver que había preparado toda una estrategia comercial, la familia aceptó su audaz propuesta: cerrar la tienda (¡por primera vez en 40 años!) para renovarla por completo y cambiar la imagen de marca.

Una apuesta arriesgada, sin duda, pero sustentada en argumentos sólidos.

«Cuanto más trabajaba, más notaba el cambio en las personas que nos visitaban. Pasamos de tener exclusivamente clientes persas a una mayor variedad. Venía gente de diferentes edades, culturas y orígenes. Fue entonces cuando comprendí que si lográbamos cambiar nuestra imagen y presentarnos de una forma nueva y original, atraeríamos a un público mucho más amplio».

El reto de renovar la imagen de una empresa familiar con décadas de historia

El cambio de imagen resultó ser un gran desafío. Freddy tenía grandes sueños para el negocio, pero no quería borrar la historia que había construido su familia.

«Tenía claro que el nuevo diseño debía atraer al público en general y, al mismo tiempo, respetar la autenticidad de mi cultura y mis orígenes. Quería un logotipo limpio y sencillo que lo resumiera todo».

Tras innumerables horas de trabajo e idas y venidas con su diseñador, se les ocurrió una idea brillante: utilizar el antiguo nombre comercial que tenía el negocio en Irán, escrito en farsi, como elemento central del logotipo. Así conseguirían un aspecto elegante y moderno, pero también único y simbólico, que encarnara la esencia misma de la empresa. 

El trabajo da sus frutos

La prueba definitiva de que la marca funcionaba fue cuando alguien paró a Freddy por la calle y le preguntó dónde había comprado la gorra tan chula que llevaba puesta. Era una gorra con el nuevo logotipo de Saffron & Rose, ¡a Freddy le gusta tanto que nunca se la quita! 

«Si tienes una idea y un proyecto, trabaja duro y no tengas miedo de cometer errores hasta que des con algo que te satisfaga».

El nuevo concepto también triunfó entre la clientela. Tanto es así que Saffron & Rose no tardó en abrir un segundo local y, 18 meses después de la remodelación, su facturación anual se había duplicado.

La excelencia como base para mantener el éxito

En opinión de Freddy, uno de los principales factores de su éxito radica en el compromiso con la calidad.

«Nunca sacrificaremos la calidad por ahorrar dinero. Somos fieles a nuestras convicciones. Somos fieles a nuestro producto. Y queremos mantener vivo el legado de mi abuelo».

Al parecer, ese compromiso está dando sus frutos. Con dos locales ya abiertos, Freddy quiere seguir aprovechando esta buena racha.

«En estos momentos, nos estamos planteando abrir un local al año. Con suerte, en los próximos años habremos establecido una cadena y, luego, podremos abordar los siguientes retos».

Entre las numerosas posibilidades que se vislumbran en el horizonte, Freddy desearía poder distribuir los productos de Saffron & Rose en los principales supermercados de Estados Unidos y seguir expandiendo el negocio por todo el país.

«Sería un sueño que este helado estuviera en todos los congeladores».